TURMALINA

Pertenece al grupo de los ciclosilicatos compuesta de una fórmula química muy compleja. El nombre turmalina procede de la palabra cingalesa «touramalli», que significa, «piedras de colores mezclados» y esta denominación fue originalmente aplicada a una serie de piedras, principalmente circones. También se cree que su nombre puede proceder de la palabra cingalesa «turamali», que significa «piedra que atrae las cenizas».

Actualmente se reconocen cerca de 40 especies dentro de esta categoría, en muchos casos muy difíciles de distinguir entre ellas. Las más importantes son el chorlo, la elbaíta, uvita, dravita, liddicoatita, buergerita, foitita y povondraita.

Desde hace más de 2.300 años esta piedra ya llamó la atención del filósofo Teofrasto a la que llamaba «lyngurion», probablemente una turmalina, y que tenía la propiedad de atraer la paja, la ceniza o pequeños pedazos de madera cuando era calentada, poniendo de manifiesto sus cualidades piroeléctricas.

La turmalina limpia, purifica y transforma la energía densa en una más ligera a la vez que limpia y equilibra todos los chacras. Las varas de turmalina natural son útiles para la sanación: limpian el aura, retiran bloqueos, dispersan energías negativas y equilibran y conectan los chacras y meridianos.

 

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